Cuqui Man

06 enero 2007

Reyes para adultos.

El pasado viernes 5 fui a ver la cabalgata de reyes de mi ciudad. Una vez allí y como me pasa todos los años no puede dejar de acordarme de cuando era niño. En aquel entonces mis padres normalmente no me llevaban al centro de la ciudad a ver la cabalgata “grande”. De echo, yo no tenía demasiado interés. Aquella “visita” significaba clavarse en cualquier esquina y ver apenas com pasaban las carrozas rodeado de gente. Aquello no era bonito, no me interesaba.

En cambio había otra cabalgata que sí me gustaba, la de mi barrio. La puesta en escena de las carrozas era algo cutre. Las carrozas vendrían a ser unas seis, tres para los reyes y otras tres para los correspondientes pajes. Por supuesto cada una era lo mas distinto de la otra, y no me refiero a la decoración, eran distintas en esencia. Una era un gran remolque arrastrado por un tractor, el otro era un camión con el remolque descubierto.. podemos decir que no faltaba imaginación!

Las carrozas del centro siempre estaban decoradas de forma más “elegante”. Procuraban que todos los pajes llevaran la misma ropa, parecía incluso que coordinaban los saludos. Coño, si hasta en rey negro era negro de verdad!! En mi barrio en cambio los pajes más o menos podrían ir del mismo color, la decoración era original y Baltasar podía ser el panadero con la cara pintada.

Lo mejor de la cabalgata de mi barrio era la proporción. Mientras que en la cabalgata “grande” tenías una carroza por un par de miles de personas, en mi barrio seríamos un par de miles para todo aquel montaje. Recuerdo que los niños perseguíamos las carrozas en busca de la que más caramelos tirara. Todas las artimañas era válidas: llamar la atención, suplicar, ir a pedir que llenaran tu bolsa del PRYCA o incluso intentar cabrear a algún paje o rey.

La técnica del cabreo aunque no siempre efectiva era divertidísima. El objetivo era hacer enfadar a algún rey o paje a base de tirarle caramelos. Les lanzábamos caramelos con la esperanza que nos devolvieran los “dulces” disparos pero en mayor cantidad de munición. Decir que en alguna ocasión me llevé algún sopapo después de haber acertado a Melchor en la cocorota!

En fin, aquella cabalgata, aquella fiesta ya no existe. Ahora las carrozas siguen una armonía decorativa, a los niños se les pide que no molesten demasiado y que aprendan a admirarlas. Yo no puedo dejar de recordar que a mi, lo único que me interesaba de aquello era coger caramelos y pasármelo pipa con mis amigos. Corriendo, gritando, tropezándonos los unos con los otros y seguro acabar con el culo bien caliente!

Pero, aunque en realidad no queda tan lejos, parece que esos eran otros tiempos! Los niños de ahora no tienen la oportunidad de vivir así la cabalgata, ahora solo pueden ir a verla pasar.

1 Comments:

At miércoles, 04 abril, 2007, Anonymous Anónimo said...

Jejejeje

Me he trasladado mentalmente a mi niñez cuando aprovechaba sant medir (fiesta de gracia) para poner a caldo a los escaparates de las tiendas, y también alguna que otra cabeza.

Un abrazo

 

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